14/5/08

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Hoy es Martes 13.
El sábado que viene me hacen una prueba para entrar a trabajar en una pizzería de italianos. Para ejercer como mozo o camarero.
Aclaro esto ultimo para que ningún papafrita se piense que me prueban como cocinero o como condimento para pizza.

Una pizzería italiana. Justo al lado hay un bar que pertenece a unos irlandeses, un poco más allá un supermercado chino y una tintorería coreana y así siguen en el puerto de Mahon los negocios estereotipados.
Ya voy a recomendarle al primer hermano boliviano que vea que no pierda la chance de ponerse una verdulería.
Perdonen por el humor blanco, pero es que el maestro pizzero se llama Tony.
¡Tony!
¡Y el otro jefe se llama Mario!

El punto es que se entiende bastante el idioma. Me doy cuenta que gesticulan y gritan como los argentinos. También se tocan el izquierdo, pero no solo cuando se nombra a menem.

También en il ristorante conocí a la mujer que hace la limpieza. Bah, en realidad es como un comodín. Puede fregar los platos como el piso, preparar postres, ayudar en la cocina, atender mesas, además es grafóloga, ingeniera agrimensora, contramaestre en un barco pescador del famoso osobuco marino del mediterráneo y escritora de horóscopos en la revista rural de Menorca.
Su nombre es Manuela Arcuri. Muy mona a pesar de su edad. Muy mona.
Tuvo que bajar de la palmera para venir a saludarme.
En cuestión de segundo y con solo un estrechon de verga (vergamancia), me dijo mi carta natal con postdatas y todo. También me vaticino que unos vientos de fortuna me iba a llevar en un instante a la cumbre más alta de la desgracia.
Luego me preparó un mojito y me pidió que levante los pies que tenía que medir el terreno.
Mujer rara.
Ahora cabría preguntarse…

¿Rara?

¿Mujer?

Chi lo sa…be.

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