31/7/08

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Dia de Santos

Se me hacen nostalgia los dedos, hermano.
Y se me pegan entre las uñas las etiquetas relicarios de un tiempo de barro primigenio y rústico de abasto, de infinita pureza, de confianza “beyond boundaries”. En donde la ceguedad oculta frente a tu guía tácita compone el más obligado acto de adoración, de incondicional ósmosis. La liasón de argonautas, de camaradas, de carnes de otra sangre.

En el acto que son mis pasos en tu noche, se hacen tuyas mis visiones, y crecen de la tierra las palabras, los silencios y la música. A cada sembrado y en cada arranque se desarma un mundo que se suma a tu carpeta, a la espalda de nuestro mundo, al caótico encuentro que nos une, al otro desorden de cosas entre las que pasan tu natural sabiduría y mi forzado intento de samaritano camaleón, que ni faldas ni corpiños de madrugada le ayudan a evitar un Chernobil interno.

Y si trato de escribir como indio o si doy a la calvicie del necio por cojones, no es por revivir héroes en olas de moda ni por traer monjes al ring de lo moderno, si no más bien para encontrarte por mi ruta vivo y en libre pensamiento, estallando desde el océano, hermano, viejo camarada de siglos, caminante, buscador de otra piel, inmenso de miniaturas, grosso Santo Pelotero.

Como se te extraña, Santo Pelotero.

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